
Será producto de los días en soledad, pero cada vez y con más devoción cultivo, atesoro y agrada el silencio, sin vocecillas chillonas vociferando qué, en dónde, con quién y para qué harán algo. Luego de experimentar momentos de verborrea, además de admitir la carencia de un esfínter bucal, porque tirar mierda gratuita mimetizado de ironía o sarcasmo es típico de personalidades egocéntricas, me he dado cuenta de lo bello del silencio. Siempre lo supe, pero experimenté en pocas ocasiones, casi siempre ante paisajes oníricos, y ahora está ahí, tan presente, casi palpable.
Luego de aprender ciertas lecciones, como no dar nada por sentado, hasta que un timbre notarial, carta de aceptación o llamado telefónico lo confirme. Y luego, de noches deambulando por el mundo de yo pienso que, me gustaría que y por qué yo no, te das cuenta de la importancia de vivir en silencio, sin contar todo, sin hablar demasiado y escuchando los susurros internos para aprender a conocerse. No he leído ningún libro de autoayuda, ni místico y menos religioso, simplemente cuando das un paso firme haciendo retumbar y estremecer el cuerpo, despojas las debilidades, inseguridades, vanidades y envidias para amarte, y mejor aún, conocerte por completo.
Ya no hay miedos absurdos, miradas extrañadas, mentiras encubiertas de lástima, canciones tristes, ni aceptaciones por compromiso. Tampoco la idea es justificar todo, en un soy así y qué, a bastantes conozco de ese género, y bien pobres de alma son, incapaces de reconocer errores y expertos en hacer análisis FODA del otro. Y sí, algo de eso tuve, y sin caer en cuenta, cultive odios innecesarios e ingratas miradas por personas que transitaron en distintos momentos de mi vida, durante años pensé ser otra, o al menos, ser percibida de una manera distinta, y sólo por no guardar silencio, y también por la exquisita expresión corporal de cejas, desdeñes y cínicas sonrisas, desagradé a gente sin motivo.
Hoy guardo silencio, escucho sus consejos y continuo adelante, pero con las frente más en alto que ayer. Y no lo mal entienda, no es soberbia, es amor propio, pero del bueno. Autosatisfacción le dicen.