
Pocas noticias rondan en mi cabeza o simplemente reparo en ellas, ni los casi
50 femicidios sucedidos en Chile en lo que va del año, menos la política que
hace bastante no estimula sinapsis en la mente aburrida de oírlos, ya no leo las
carteleras de cine arte y tampoco ojeo la sección moda, hasta las noticias freak de
LUN han dejado de entretener. Miento, lamenté la muerte de
Marcel Marceau, y traté de recordar la actuación vista en 1997 en el teatro municipal de Viña del Mar, pero no lo logré, sólo recordé al chico que me invitó y el horrendo aroma de la francesa que estaba en frente.
Seguro todo estará relacionado con sentirme invisible. La mujer invisible como lo comenté entre cervezas a un pseudo amigo que en iguales condiciones balbuceaba de su vida sabiendo que a ninguno le interesaba con sinceridad la vida del otro, pero la necesidad de sentirse escuchado nos llevó a beber litros de cervezas, sin desayuno y menos almuerzo, al más puro estilo universitario que parece haber sido vivido hace más tiempo de lo transcurrido. Y nada tiene que ver con la heroína de Marvel Comics, y menos con la nueva actriz que la personifica, Jessica Alba dista mucho de ser invisible.
Creo perdí el norte del relato, es cierto. Lo tomo como síntoma de la brújula perdida estos meses, la aguja imantada la usé para zurcir corazones rotos, calcetines huachos y bocas silenciadas. Intento buscar el norte, pero prefiero el sur. La extravié justo cuando la cartera estaba llena, y en el trasvasije de ropajes quedó tirada entre proyectos, sentires y cuestionamientos inconclusos.
Ahora, cuando todo parece importar excesivamente más de lo merecido, necesito cablear mis pies a tierra, reventar la burbuja inflada por años, asumir la falta de iniciativa y tomar la 308 sin mirar atrás. Debe ser por lo mismo, porque quiero enfocar la vida en lo que me interesa sin miramientos a terceros, sin ataduras ni elásticos, dejar los puntos suspensivos para la ficción y poner un gran punto final al éxodo de caminar entre sus mundos y el mío.
....Volvamos al primer párrafo.
Las noticias internacionales no han dejado de importarme, son las única vistas con genuina atención, y la Revolución Azafrán ha sido el punto de inflexión para despabilar, o al menos para re-encantarme con las relaciones internacionales, las causas nobles y pérdidas, y el quiebre de los simbolismos religiosos de oriente y occidente.
Toda una búsqueda como la emprendida por Siddharta en el siglo V a.c, y lejos de entender a cabalidad el budismo, ni cualquier otra religión, no puedo más que aborrecer a los miembros del consejo de seguridad de la ONU quienes creen al aplicar sanciones comerciales podrán doblar el brazo de una feroz dictadura. Y el gigante asiático en silencio,pequeño tejado de vidrio en el tibet le observa , tal vez más cerca de caer de lo que piensa entre los miles de made en china exportados.
Cuatrocientas mil almas vestidas de azafrán es el ejército que doblegará la coerción que por más de cuatro décadas amedrentó la libertad. Azafrán es mi color.