
Partamos de la base que cualquier objeto corto punzante, lacerante, corrosivo o quemante tiene una especial atracción con mi piel, y caídas con quebrada de nariz incluidas. Pelar tomates con un afilado cuchillo es sinónimo, en el mundo de la joven manos cortadas, de sangre escurriendo en la ensalada. Una romántica cena con velas deriva en esperma en brazos, y ni hablar de prender un cigarro con la llama del asesino objeto encerado, ni las tijeras puntas romas se salvan. Descoordinación de la motricidad fina, puede ser. Desatino e impulsividad de los actos, mmm también.
Durante años he tratado de revertir la situación sin éxito, por lo tanto cada vez que se suben a vender parches curitas al bus soy la primera en levantar la mano, pero de un tiempo a esta parte creo que el slogan “mejor prevenir que curar” es una profecía infructuosa. Tengo la certeza luego de un análisis cuantitativo de cortes, quemadas y caídas con la objetivad purista de ser investigador y objeto de estudio al mismo tiempo que: Toda vez que compro parches curitas mi subconsciente conociendo la condición de manitos muertas de la individua, sólo subsana el posterior corte que de una u otra forma vendrá.
El curita funciona como una especie de médium predestinando a la llaga, corte o tajo. Lo terrible de la historia es que las ofertas me atraen tanto, como mi piel a los objetos mencionados. Digo esto porque ayer en la micro vendían QUINCE curitas en cien pesos, y no me resistí. Lo trágico es que ha pasado un día y ya he usado cinco. QUE SUSTO!!!!. Necesito una camisa de fuerza en una habitación acolchada plisss....